Ya desde antier, comencé a sentir un cambio en mí.
La compañía de las personas correctas ayuda a que los buenos pensamientos fluyan, pensamientos que se convierten en acciones.
Esta es una de esas acciones.
domingo, 12 de enero de 2020
domingo, 13 de enero de 2019
Crónica: esperando en la fila.
Hay mucha gente que vive sin preguntarse sobre el origen de las cosas, el por qué algo funciona o el cómo lo hacen. Habemos mucha gente curiosa también que, por el contrario, nos encanta averiguar la forma en que se logran desde cómo funciona una cerradura, cómo ha evolucionado la higiene dental para tener las pastas de dientes que usamos hoy a cómo se extrae el petróleo.
Mi curiosidad no siempre me lleva a investigar más de ciertos temas de mi agrado, pero ahí está, bombardeándome de preguntas diariamente, desde que despierto. Esto me lleva a lo siguiente, hoy acabo de regresar a casa, después de haberme plantado, junto con mi mamá, en una fila para abastecernos de gasolina en una estación que tenemos cerca, después de 2 días.
2 días para abastecernos de gasolina, es una exageración pero fue una realidad para nosotros, lo es y lo será cada vez que recordemos esta experiencia. Digo que, efectivamente, es una exageración, porque mucha gente ha esperado mucho menos para poner gasolina, a veces, una hora o dos. Las listas de gasolineras que serán abastecidas se están volviendo cada vez más consultadas y han ganado mi confianza, gracias a ellas, la gente va haciendo fila desde antes para conseguir un poco, máximo 500 pesos por carro o 100 pesos por bidón. Normas del gobierno que no siempre se acatan, pero que buscan racionar de forma consciente lo poco que llega a las gasolinerías. Sí, pudimos salirnos de la fila e ir a otras y habríamos acabado antes, fui el primero en estar revisando las actualizaciones de las listas y en salir a revisar si la estación más cercana iba a ser surtida, tal y como indicaba el documento. De haber seguido mi instinto, hubiera hecho fila ahí, pero no lo hice. La convicción de mamá y las otras personas que estaban formados antes que ella era la misma: si me muevo y no alcanzo gasolina allá, pierdo mi lugar aquí. El miedo podrá ser causado por muchas cosas que terminan sólo siendo castillos de humo, pero la sensación no deja de ser real. Ese miedo hizo que me regresara a donde estábamos y nos quedáramos ahí. Al saber que la última palabra la tiene ella, de nada me servía estar armando una discusión que nos amargara más la existencia, sólo nos quedaba resignarnos. Al fin y al cabo, pensé, mientras más tiempo pase, más probable es que llegue la pipa a resurtir esta gasolinera.
En fin, hicimos cola desde el viernes en la mañana, porque el personal de la estación habían sido informados de que la pipa llegaría en la madrugada del sábado, no fue así. Quedarse a dormir esa noche en el carro fue un poco estresante, ya que teníamos que estar al pendiente de que no se saliera alguien del frente (como había ocurrido durante todo ese día) y la fila tuviera que recorrerse para evitar, obviamente, que alguien más, del tan mentado "pueblo bueno y sabio", se metiera. Fue estresante, porque uno debía estar despierto mientras que el otro, intentaba dormir en el carro. Logramos amanecer, durmiendo apenas poco más de 4 horas. Tomamos turnos para regresar a la casa, ir al baño y regresar al carro. Cuando fue mi turno de ir, mamá dijo que nos convenía que yo durmiera bien para estar preparados para lo que pudiera ocurrir luego. Llegué a casa, no tenía hambre realmente y no desayuné más que una taza de café y tres galletas. Pero tenemos una florería y ese día, quien estaba en el negocio era mi hermana, quien también tiene otro negocio propio y el plan de ese día era aprovechar para salir y cumplir con los pendientes que tenía. Estaba cansado, pero no tenía sueño, así que le dije que yo me quedaba en la florería mientras ella salía a sus mandados. Sin embargo, llegó una clienta, podría decir que es frecuente, a pedir arreglos para una boda que sería ese día. Eran las 10 y quería los arreglos a las 12, nada del otro mundo, al parecer de los clientes. Se armó el zafarrancho, correr por el carro, dejar a mamá encargada del lugar, ir por flor, regresar, hacer el pedido en friega y aparte, completar otro pedido que estaba programado para entregarse, cómo no, a domicilio entre las 12 y la una de la tarde.
Sin haber terminado el pedido de la boda, recibimos la llamada de mamá, decía que después de entregar el arreglo, nos hiciéramos fila para la gasolinera que yo había ido a visitar en la mañana porque había leído en la lista que iba a ser abastecida, porque se decía que avanzaban rápido. Fuimos, me quedé yo con el carro mientras mi hermana regresaba a la casa para terminar con sus pendientes y recibo otra llamada, mamá iba de camino a donde estaba yo y el plan fue intercambiar lugares. Me regreso caminando a donde estábamos en un principio, para guardar los lugares de ella y la amiga que estaba formada detrás de nosotros y qu había sido la primera en ir a formarse en aquella otra fila. Sin haber comido nada más, a las 4 compro cacahuates y un litro de agua en el Bara que está cerca y me regreso a cuidar los lugares. Hubo una ligera discusión con la gente que, sin deberla ni temerla, habían comenzado a llegar, con dos y hasta 3 bidones, a ponerse en la entrada de la gasolinera, ignorando la fila que llevábamos nosotros y que había comenzado desde el jueves en la noche. Las personas con bidones se fueron, algunos se incorporaron al lugar que les correspondía en la fila y para evitar problemas, el personal de la estación pidió que entre nosotros nos pusiéramos de acuerdo. Sacaron un boleador de zapatos blanco y acordamos enumerarnos, para evitar malentendidos, una buena idea, la verdad.
Había resentimiento de algunas personas que decían que no estaba bien guardar el lugar si la persona se salía de la fila, francamente, no me importó y no le vi nada de malo. Se respetaron los lugares que yo estaba cuidando y nos tocó el turno 5. Más tarde, regresa mamá, no alcanzaron gasolina y se armó otra trifulca allá porque habían dado fichas para la próxima vez que llegara la pipa y, de nuevo, cómo no, hubo gente que recién llegaba a y le asignaron un turno que no les correspondía. El tema es que, aparte de mamá y su amiga, otro señor, el que tenía el turno número 1 en nuestra fila y quien había estado ahí desde el principio (obviamente) con el auto de su negocio y el de su esposa (y que, además, estaba su hijo pero él fue el que hizo turno en la otra estación antes que nosotros), regresó con el automóvil de su hijo, porque el de su esposa se había quedado ya sin combustible. Él había dejado encargado el lugar de su otro carro a quien estaba detrás de él antes de ir a probar suerte en la otra fila, pero al enumerar los turnos, no lo contaron. Cuando regresó, todos los que estábamos ahí desde el viernes le dijimos que no había problema, que pusiera su carro al frente y que nos constaba que desde el principio, él iba a conseguir gasolina para sus 3 autos.
El problema vino cuando quien estaba en el segundo lugar y más gente, que estaba mucho más atrás en la fila, se quejaron de que el señor "se metiera" como si nada. Gritos, acusaciones y demás. Quienes estábamos al frente de la fila, del turno 1 al 9, que identificábamos al señor y que le habíamos dado la oportunidad, estábamos defendiéndolo. Un individuo, terco, insistía en gritar y lanzar acusaciones sin saber: "nadie de ustedes se quedó a dormir aquí", "Todos se fueron a sus casas en la noche", "No que uno, que no se sale del carro", "Ustedes iban y venían", "Quien se va, pierde su turno". Todas, razones entendibles para molestarse, siendo francos; pero erróneas. Desde un principio, entre los que estábamos en esos lugares al inicio de la fila, hubo camaradería (no hallo mejor forma de decirlo). Mujeres con hijos a quienes debían cuidar y que estaban con ellos por seguridad, gente como nosotros, con negocios y emergencias, que debían abandonar la fila por ratos y regresaban, al igual que cuando uno salía a comer, aunque fuera cerca, nos quedábamos los demás a cuidar su lugar y su auto. Pero hubo gente que, enfrascados en su idea de que nadie había abandonado y creyendo que eran los únicos que se quedaron a dormir en la fila, se quejaron de que el segundo carro del señor en el lugar 1 regresara. Finalmente, tras el altercado, logramos que la gente regresara a sus lugares para evitar que se armara un lío más grande y por culpa de ello, el personal de la gasolinera se negara a darnos servicio a todos. Algo que creo importante resaltar, ya que fue uno de los comentarios del sujeto terco: "Pues así, aquí nomás se arma un pedo y nos quedamos todos sin gasolina", diciéndolo con una sonrisa tan idiota a mi parecer. ¿Qué clase de mentalidad tiene esa clase de personas?
Y de nuevo, yo comprendo que la gente, en su ignorancia, se quejen de quien crean que se mete a la fila. Nadie estamos exentos de dar nuestra opinión, pero otra cosa es basarnos en suposiciones, verdades a medias o inventadas por uno mismo. Hay gente a la que le gusta hablar por hablar y defender un punto de vista sólo por molestar. Nadie estamos exentos de hablar y opinar desde la ignorancia, pero tampoco es bueno sentenciar y acusar sin motivo, sin legítima prueba.
Eso me devuelve a lo primero, hay gente que se pregunta qué ocurre y cómo ocurió y hay gente que asume las cosas y declaran, sin saber. Así como lo que ocurrió en ese incidente de la gasolinera, así ocurre cuando hablamos de una situación de la que no estamos 100% seguros, como la razón del desabasto. Algunos acatan lo que dice el presidente y no lo cuestionan en absoluto, a pesar de las promesas que ya ha roto (y sí, también ha cumplido muchas otras); otros, dudan y buscan otras explicaciones. Todos podemos tener una opinión diferente, discreparemos en muchas cosas, pero también es posible respetarnos a pesar de eso. Somos ciudadanos de un mismo país, pero ¿ya estamos divididos? Yo creo, con tristeza, que sí.
sábado, 8 de octubre de 2016
Estoy harto, verdaderamente, harto.
Algo tan estúpidamente sencillo como ser feliz... ¿Por qué es tan difícil?
¿Por qué no puedo dejar de esperar algo de otras personas y simplemente, alegrarme de lo bueno que me pasa? ¿Por qué no quiero ser feliz?
Me duele tanto el pecho, me duele tanto respirar hondo. Me asesino lentamente y de manera tan patética. Ridiculez. Sólo eso es.
Sé que nadie leerá esto. Sólo por eso lo escribo. Para ver si puedo desahogarme, ver si esto sirve de algo.
Algo tan estúpidamente sencillo como ser feliz... ¿Por qué es tan difícil?
¿Por qué no puedo dejar de esperar algo de otras personas y simplemente, alegrarme de lo bueno que me pasa? ¿Por qué no quiero ser feliz?
Me duele tanto el pecho, me duele tanto respirar hondo. Me asesino lentamente y de manera tan patética. Ridiculez. Sólo eso es.
Sé que nadie leerá esto. Sólo por eso lo escribo. Para ver si puedo desahogarme, ver si esto sirve de algo.
sábado, 14 de noviembre de 2015
Para los tuyos, un daño colateral. Para los míos, una tragedia sin igual.
El siguiente pensamiento va dirigido a la prensa sensacionalista, pero, sobre todo, a la gente que se deja llevar por lo que se entera en cadenas de noticias populares y publicaciones en redes sociales.
Si tanto nos indigna las muertes de gente inocente en Francia, si tanto nos molesta que en México se solidarice la gente con la pérdida no sólo de vidas sino de tranquilidad y de paz en un pueblo ajeno al nuestro, si tanto repudiamos que la gente no se muestre humana ante la desgracia de otros, ¿por qué no se comparten estados en la que nos indigne la muerte de esa gente inocente, no sólo en Siria, sino en el resto del mundo, con la misma frecuencia que con Francia y Ayotzinapa, que con la de los Himalaya o los de Chile y Haití, que los que mueren a manos de secuetradores en las Filipinas o víctimas de negligencia en EE.UU. o Inglaterra?
Esto último, principalmente, porque tomamos como algo "triste y lamentable" aquello que no está cerca de nosotros y que no nos afecta de forma directa; sin embargo, es algo "indignante y condenable" cuando se vuelve personal o es cubierto de forma masiva por los medios.
Quiero decir... ¿Cuánta gente está informada del número de muertos en los atentados de ayer (¡Ayer, carajo! Hasta parece que han transcurrido días)?
¿Cuánta gente conoce los nombres de los que fallecieron, de los que siguen en cuidados intensivos, de los que necesitarán tratamiento físico y psicológico? ¿Cuánta gente está haciendo, realmente, algo para ayudar a los afectados?
Ahora, ¿cuánta gente sabe lo que ocurrió en Siria? ¿Cuánta gente sabe que Francia (el estado, el ejército, por órdenes de François Hollande) mató a civiles inocentes en Siria al bombardear posiciones en las que se encontraban miembros de Estado Islámico y, sin embargo, lo consideramos como "daño colateral"?
Creo que es sinismo, hipocresía y muchas cosas más que nada bueno me hace pensar de una persona; pensar en que la vida de muchos es erradicada, sin pagar consecuencias y bajo la sola justificación de "daño colateral" pero que se llore por las vidas de gente que les son arrebatadas por terroristas.
No puedo siquiera imaginarme el horror que viviría cualquiera de nosotros durante un bombardeo, sin estar en un ejército, sin querer participar en cualquier guerra, preguntándote qué es lo que pasa, en dónde están tus seres queridos, en si estarán vivos. Sólo durante el bombardeo. No puedo imaginarme qué siente alguien que descubre que perdió a alguien durante esos momentos, la desolación, quizás, la destrucción total de su casa, la desesperanza de no saber qué es lo que pasará en las próximas horas, los próximos días, meses o años.
Pero es más condenable que un grupo de terroristas asesinen a gente que un soldado, piloto o marinero lo haga. Cada uno tiene sus razones. Pero si vamos a aprobar la muerte de uno, debemos aprobar la muerte del otro. Si vamos a alzar la mano por uno, también por el otro. Hay víctimas, pero ellos nada tienen que ver con el conflicto que hay entre la gente detrás de las balas, ni de los que están detrás de ellos, ni los que están hasta el fondo, dirigiendo. ¿Pero algún día van a dar la cara los responsables?
"Mata a un hombre y serás un asesino, mata a muchos y serás un conquistador. Mátalos a todos... y serás un Dios."
domingo, 26 de abril de 2015
¿Qué tan necesario es un "por qué"?
Vivimos.
Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.
Comemos, respiramos, jugamos, trabajamos, dormimos, soñamos, lloramos, reímos, amamos... inventamos, pensamos, cocinamos, creamos, destruimos, matamos, cultivamos, escuchamos, respondemos, luchamos y omitimos.
¿Por qué?
Esto algún día acabará. No sólo mi existencia, no sólo mi pasajera estancia por este mundo. Sino que el mundo en sí, la realidad misma, algún día acabarán.
Hacer algo de mi vida... ¿es posible, siquiera, hacerlo?
Hacer dinero, ser famoso, ser popular, ser respetado, ser seguido, ser alabado, ser querido, ser amado... Hacer amigos... vivir en paz... ayudar al planeta... Cosas que, sin dudas, hacen más agradable la vida de uno y de los demás. Sin embargo, ¿qué pasará cuando uno parta?
¿Me recordarán? Tal vez
¿Es bueno eso, acaso? No lo sé
¿Y qué pasará cuando nadie más lo recuerde? ¿Qué pasará cuando ya no haya más gente, cuando la raza humana sea borrada de la faz de la Tierra?
¿Qué pasará cuando la faz de la Tierra deje de existir?
Somos prescindibles, únicos, tal vez, pero reemplazables; egoístas, traicioneros, doble caras, desconsiderados, minúsculos... insignificantes. Este mundo vivió bien sin nosotros y lo hará de nuevo.. mientras dure.
Cuando todo desaparezca, cuando no sólo éste, sino todos los mundos lleguen a su fin. ¿Qué representarán mis acciones? ¿Habrá valido la pena lo mucho o lo poco que hice?
¿Habrá valido las horas y horas trabajando, las noches en vela y los logros alcanzados? ¿Serán reprochables aún mis errores o lo que no hice?
Ver sonrientes a los que me rodean, es gratificante. No obstante, de nuevo, ¿de qué sirve?
Nos gusta creer que todo tiene una razón de ser... ¿será? Si es así, ¿cuál es?
Podría dejar de pensar en esto, ponerme a hacer lo que quiera y tratar de ser feliz con lo que haga de mi vida, es cierto. No obstante, siento que, al hacerlo, estaría tratando de evitar pensar en esta situación. De hecho, eso estaría pasando. ¿Qué tan malo sería eso?
"Vive bien. No te amargues la existencia" Debería hacer caso a esas palabras, el problema es que me cuesta trabajo ver una verdadera y válida razón de por qué. Es más fácil estar feliz cuando se es ignorante... y puede que sea más idiota de mi parte pensar en todo esto.
De la misma manera, ¿por qué necesitaré un "por qué"? Me es difícil creer en resignarme a vivir una mentira así... no quisiera hacerlo. ¿Tendré que? ¿Por qué?
Sólo estoy siendo testarudo... pero hay algo en mí que no deja de pensar en que esto, que llamamos vida, no es más que una compleja broma del universo.
Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.
Comemos, respiramos, jugamos, trabajamos, dormimos, soñamos, lloramos, reímos, amamos... inventamos, pensamos, cocinamos, creamos, destruimos, matamos, cultivamos, escuchamos, respondemos, luchamos y omitimos.
¿Por qué?
Esto algún día acabará. No sólo mi existencia, no sólo mi pasajera estancia por este mundo. Sino que el mundo en sí, la realidad misma, algún día acabarán.
Hacer algo de mi vida... ¿es posible, siquiera, hacerlo?
Hacer dinero, ser famoso, ser popular, ser respetado, ser seguido, ser alabado, ser querido, ser amado... Hacer amigos... vivir en paz... ayudar al planeta... Cosas que, sin dudas, hacen más agradable la vida de uno y de los demás. Sin embargo, ¿qué pasará cuando uno parta?
¿Me recordarán? Tal vez
¿Es bueno eso, acaso? No lo sé
¿Y qué pasará cuando nadie más lo recuerde? ¿Qué pasará cuando ya no haya más gente, cuando la raza humana sea borrada de la faz de la Tierra?
¿Qué pasará cuando la faz de la Tierra deje de existir?
Somos prescindibles, únicos, tal vez, pero reemplazables; egoístas, traicioneros, doble caras, desconsiderados, minúsculos... insignificantes. Este mundo vivió bien sin nosotros y lo hará de nuevo.. mientras dure.
Cuando todo desaparezca, cuando no sólo éste, sino todos los mundos lleguen a su fin. ¿Qué representarán mis acciones? ¿Habrá valido la pena lo mucho o lo poco que hice?
¿Habrá valido las horas y horas trabajando, las noches en vela y los logros alcanzados? ¿Serán reprochables aún mis errores o lo que no hice?
Ver sonrientes a los que me rodean, es gratificante. No obstante, de nuevo, ¿de qué sirve?
Nos gusta creer que todo tiene una razón de ser... ¿será? Si es así, ¿cuál es?
Podría dejar de pensar en esto, ponerme a hacer lo que quiera y tratar de ser feliz con lo que haga de mi vida, es cierto. No obstante, siento que, al hacerlo, estaría tratando de evitar pensar en esta situación. De hecho, eso estaría pasando. ¿Qué tan malo sería eso?
"Vive bien. No te amargues la existencia" Debería hacer caso a esas palabras, el problema es que me cuesta trabajo ver una verdadera y válida razón de por qué. Es más fácil estar feliz cuando se es ignorante... y puede que sea más idiota de mi parte pensar en todo esto.
De la misma manera, ¿por qué necesitaré un "por qué"? Me es difícil creer en resignarme a vivir una mentira así... no quisiera hacerlo. ¿Tendré que? ¿Por qué?
Sólo estoy siendo testarudo... pero hay algo en mí que no deja de pensar en que esto, que llamamos vida, no es más que una compleja broma del universo.
miércoles, 7 de enero de 2015
Un respiro, sólo uno
A veces, tengo la sensación de que el mundo a mi alrededor cambia demasiado rápido, a veces, siento que permanece igual, a pesar de todo.
¿Será que todo cambia en una serie de ciclos sin fin, un macrociclo, formado de cientos de miles de repeticiones estructuradas una encima de la otra, en sintonía con alguna especie de partitura muy por encima del nivel cósmico?
O simplemente, he dejado de sentir alguna especie de reacción ante lo que ocurre a mi alrededor. Si así fuera, ¿no debería un mueble, un árbol o una piedra percibir más fácilmente los cambios a su alrededor? Las alas de una mosca se mueven demasiado rápido para que las vea, sin embargo, puedo saber de dónde y hacia qué lugar voló.
Un ritmo aceleradamente estático. ¿Es esto posible? Un respiro, eso es lo que necesito. Un respiro, sólo uno.
viernes, 21 de noviembre de 2014
¿Preocuparse u ocuparse?
Sí, lo reconozco. Deposité mi confianza en él, quien fue el único en no desprestigiar a los demás... que si bien, no demostró ser el más conocedor de algo, en lo particular, supo cómo hacerme creer que lograría sacarnos del bache en el que estábamos.
... y lo hizo.
Nos demostró que el bache no era lo suficientemente grande para ponernos a prueba, y nos ha hecho ver que las cosas pudieron haber estado peor... mostrándonoslo. El bache en el que estábamos no era más que un simple hoyo, un poro... bueno, sí, era un bache. Pero no era una zanja, no era un túmulo enterrado, no era una trinchera olvidada.
Mi tierra está olvidada. Peor que nada, ha sido olvidada por su propia gente. Hemos olvidado lo grandiosos que podemos llegar a ser, cayendo en acciones sin sentido, en actos más bajos que los de los animales. Violencia genera violencia. En otro contexto, diferente del usual, la sangre llama a la sangre. Tener instinto de llamar la atención y generar consciencia se logra con actos reconocibles, en acciones honorables y dignas de aplauso.
Muchas veces he escuchado que se cambia al mundo con las acciones que uno mismo emprende, sean grandes o pequeñas. Esto es cierto. Cometer actos que atenten contra nuestra herencia, nuestro patrimonio y nuestra cultura sólo lograrán sumirnos más bajo los hilos que el de arriba llegue a halar. Quien se enoja, pierde. De nada sirve enojarnos, porque hacerlo no resuelve nada. Tampoco lo hará el atacar, pues sólo una bestia acorralada recurrirá a la agresión.
No somos una bestia acorralada, no somos un monstruo. Tenemos manos, tenemos pies, tenemos ojos, oídos y boca. Es más fácil destruir que construir, así que eso es lo que debemos hacer. Hacer lo que sea difícil. Hacer lo que consideremos imposible.
No de la manera en que el pasado nos ha mostrado, regar nuestros suelos con carmín no hará que se coseche nada, pues "cuando lo único que se siembran son cuerpos", no esperaré un buen fruto del cual me quiera alimentar. De nada sirve enojarnos, dije. No es tan sencillo renunciar al enfado, por aquella pseudo-cultura que nos corrompe y nos orilla a reprimir nuestra tristeza y reemplazarla con violencia. Alcohol, revólveres y tragedia no es lo que quiero, y definitivamente, no es lo que nos sacará de este hoyo en el que estamos.
Si estamos tristes, por el rumbo que esta carreta ha tomado, por las pérdidas y por la nostalgia que nos evoca el recordar mejores días; dejemos que nuestras lágrimas fluyan. Las de todos, las de quienes pueden hacerlo y las de los que no han podido. De los que se nos adelantaron, nos acordaremos, mientras con nuestras espaldas, nuestros brazos y nuestro sudor, construiremos un mejor futuro. No es un llamado a nada más que no sea despertar y abrazar a nuestra tierra querida. Abrazar a nuestro mundo, que sólo es uno.
Tengo la fortuna de haber nacido aquí, en donde se gana uno la vida como pordiosero, pero nos las ingeniamos para vivir como reyes. En donde encontramos la manera de reírnos hasta de la muerte, no por falta de respeto, sino porque es nuestra naturaleza. Nos reímos hasta de nuestra propia miseria... y eso, me encanta.
Pero basta de reír. Estoy empezando a cansarme de lo mismo, el chiste pierde su gracia conforme lo cuentas más veces. Y éste, por desgracia, es muy viejo. Algunos más se siguen riendo, porque hemos olvidado muchas cosas, incluso nuestra tierra.
Mi tierra está olvidada por su propia gente. Pero yo, lo reconozco, la acabo de recordar. Y no era como es ahora. Puedo enojarme y señalar a culpables. De nada me sirve, porque también soy culpable. Es por eso que, en lugar de pedir disculpas, acepto la pedrada y me pongo a actuar. Acepto la pedrada, no sólo porque me la merezco, sino porque también sé que no me matará.
Mientras sepa que lo que considero es correcto, no tengo por qué ocultarlo, no tengo por qué detenerme y mucho menos, por qué justificarlo.
Yo he decidido. No puedo hacer más, no puedo obligar a nadie más que a mí mismo. Si te interesa, inténtalo. No es imposible si crees que se puede hacer.
... y lo hizo.
Nos demostró que el bache no era lo suficientemente grande para ponernos a prueba, y nos ha hecho ver que las cosas pudieron haber estado peor... mostrándonoslo. El bache en el que estábamos no era más que un simple hoyo, un poro... bueno, sí, era un bache. Pero no era una zanja, no era un túmulo enterrado, no era una trinchera olvidada.
Mi tierra está olvidada. Peor que nada, ha sido olvidada por su propia gente. Hemos olvidado lo grandiosos que podemos llegar a ser, cayendo en acciones sin sentido, en actos más bajos que los de los animales. Violencia genera violencia. En otro contexto, diferente del usual, la sangre llama a la sangre. Tener instinto de llamar la atención y generar consciencia se logra con actos reconocibles, en acciones honorables y dignas de aplauso.
Muchas veces he escuchado que se cambia al mundo con las acciones que uno mismo emprende, sean grandes o pequeñas. Esto es cierto. Cometer actos que atenten contra nuestra herencia, nuestro patrimonio y nuestra cultura sólo lograrán sumirnos más bajo los hilos que el de arriba llegue a halar. Quien se enoja, pierde. De nada sirve enojarnos, porque hacerlo no resuelve nada. Tampoco lo hará el atacar, pues sólo una bestia acorralada recurrirá a la agresión.
No somos una bestia acorralada, no somos un monstruo. Tenemos manos, tenemos pies, tenemos ojos, oídos y boca. Es más fácil destruir que construir, así que eso es lo que debemos hacer. Hacer lo que sea difícil. Hacer lo que consideremos imposible.
No de la manera en que el pasado nos ha mostrado, regar nuestros suelos con carmín no hará que se coseche nada, pues "cuando lo único que se siembran son cuerpos", no esperaré un buen fruto del cual me quiera alimentar. De nada sirve enojarnos, dije. No es tan sencillo renunciar al enfado, por aquella pseudo-cultura que nos corrompe y nos orilla a reprimir nuestra tristeza y reemplazarla con violencia. Alcohol, revólveres y tragedia no es lo que quiero, y definitivamente, no es lo que nos sacará de este hoyo en el que estamos.
Si estamos tristes, por el rumbo que esta carreta ha tomado, por las pérdidas y por la nostalgia que nos evoca el recordar mejores días; dejemos que nuestras lágrimas fluyan. Las de todos, las de quienes pueden hacerlo y las de los que no han podido. De los que se nos adelantaron, nos acordaremos, mientras con nuestras espaldas, nuestros brazos y nuestro sudor, construiremos un mejor futuro. No es un llamado a nada más que no sea despertar y abrazar a nuestra tierra querida. Abrazar a nuestro mundo, que sólo es uno.
Tengo la fortuna de haber nacido aquí, en donde se gana uno la vida como pordiosero, pero nos las ingeniamos para vivir como reyes. En donde encontramos la manera de reírnos hasta de la muerte, no por falta de respeto, sino porque es nuestra naturaleza. Nos reímos hasta de nuestra propia miseria... y eso, me encanta.
Pero basta de reír. Estoy empezando a cansarme de lo mismo, el chiste pierde su gracia conforme lo cuentas más veces. Y éste, por desgracia, es muy viejo. Algunos más se siguen riendo, porque hemos olvidado muchas cosas, incluso nuestra tierra.
Mi tierra está olvidada por su propia gente. Pero yo, lo reconozco, la acabo de recordar. Y no era como es ahora. Puedo enojarme y señalar a culpables. De nada me sirve, porque también soy culpable. Es por eso que, en lugar de pedir disculpas, acepto la pedrada y me pongo a actuar. Acepto la pedrada, no sólo porque me la merezco, sino porque también sé que no me matará.
Mientras sepa que lo que considero es correcto, no tengo por qué ocultarlo, no tengo por qué detenerme y mucho menos, por qué justificarlo.
Yo he decidido. No puedo hacer más, no puedo obligar a nadie más que a mí mismo. Si te interesa, inténtalo. No es imposible si crees que se puede hacer.
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