domingo, 13 de enero de 2019

Crónica: esperando en la fila.

Hay mucha gente que vive sin preguntarse sobre el origen de las cosas, el por qué algo funciona o el cómo lo hacen. Habemos mucha gente curiosa también que, por el contrario, nos encanta averiguar la forma en que se logran desde cómo funciona una cerradura, cómo ha evolucionado la higiene dental para tener las pastas de dientes que usamos hoy a cómo se extrae el petróleo. 

Mi curiosidad no siempre me lleva a investigar más de ciertos temas de mi agrado, pero ahí está, bombardeándome de preguntas diariamente, desde que despierto. Esto me lleva a lo siguiente, hoy acabo de regresar a casa, después de haberme plantado, junto con mi mamá, en una fila para abastecernos de gasolina en una estación que tenemos cerca, después de 2 días. 

2 días para abastecernos de gasolina, es una exageración pero fue una realidad para nosotros, lo es y lo será cada vez que recordemos esta experiencia. Digo que, efectivamente, es una exageración, porque mucha gente ha esperado mucho menos para poner gasolina, a veces, una hora o dos. Las listas de gasolineras que serán abastecidas se están volviendo cada vez más consultadas y han ganado mi confianza, gracias a ellas, la gente va haciendo fila desde antes para conseguir un poco, máximo 500 pesos por carro o 100 pesos por bidón. Normas del gobierno que no siempre se acatan, pero que buscan racionar de forma consciente lo poco que llega a las gasolinerías. Sí, pudimos salirnos de la fila e ir a otras y habríamos acabado antes, fui el primero en estar revisando las actualizaciones de las listas y en salir a revisar si la estación más cercana iba a ser surtida, tal y como indicaba el documento. De haber seguido mi instinto, hubiera hecho fila ahí, pero no lo hice. La convicción de mamá y las otras personas que estaban formados antes que ella era la misma: si me muevo y no alcanzo gasolina allá, pierdo mi lugar aquí. El miedo podrá ser causado por muchas cosas que terminan sólo siendo castillos de humo, pero la sensación no deja de ser real. Ese miedo hizo que me regresara a donde estábamos y nos quedáramos ahí. Al saber que la última palabra la tiene ella, de nada me servía estar armando una discusión que nos amargara más la existencia, sólo nos quedaba resignarnos. Al fin y al cabo, pensé, mientras más tiempo pase, más probable es que llegue la pipa a resurtir esta gasolinera. 

En fin, hicimos cola desde el viernes en la mañana, porque el personal de la estación habían sido informados de que la pipa llegaría en la madrugada del sábado, no fue así. Quedarse a dormir esa noche en el carro fue un poco estresante, ya que teníamos que estar al pendiente de que no se saliera alguien del frente (como había ocurrido durante todo ese día) y la fila tuviera que recorrerse para evitar, obviamente, que alguien más, del tan mentado "pueblo bueno y sabio", se metiera. Fue estresante, porque uno debía estar despierto mientras que el otro, intentaba dormir en el carro. Logramos amanecer, durmiendo apenas poco más de 4 horas. Tomamos turnos para regresar a la casa, ir al baño y regresar al carro. Cuando fue mi turno de ir, mamá dijo que nos convenía que yo durmiera bien para estar preparados para lo que pudiera ocurrir luego. Llegué a casa, no tenía hambre realmente y no desayuné más que una taza de café y tres galletas. Pero tenemos una florería y ese día, quien estaba en el negocio era mi hermana, quien también tiene otro negocio propio y el plan de ese día era aprovechar para salir y cumplir con los pendientes que tenía. Estaba cansado, pero no tenía sueño, así que le dije que yo me quedaba en la florería mientras ella salía a sus mandados. Sin embargo, llegó una clienta, podría decir que es frecuente, a pedir arreglos para una boda que sería ese día. Eran las 10 y quería los arreglos a las 12, nada del otro mundo, al parecer de los clientes. Se armó el zafarrancho, correr por el carro, dejar a mamá encargada del lugar, ir por flor, regresar, hacer el pedido en friega y aparte, completar otro pedido que estaba programado para entregarse, cómo no, a domicilio entre las 12 y la una de la tarde. 

Sin haber terminado el pedido de la boda, recibimos la llamada de mamá, decía que después de entregar el arreglo, nos hiciéramos fila para la gasolinera que yo había ido a visitar en la mañana porque había leído en la lista que iba a ser abastecida, porque se decía que avanzaban rápido. Fuimos, me quedé yo con el carro mientras mi hermana regresaba a la casa para terminar con sus pendientes y recibo otra llamada, mamá iba de camino a donde estaba yo y el plan fue intercambiar lugares. Me regreso caminando a donde estábamos en un principio, para guardar los lugares de ella y la amiga que estaba formada detrás de nosotros y qu había sido la primera en ir a formarse en aquella otra fila. Sin haber comido nada más, a las 4 compro cacahuates y un litro de agua en el Bara que está cerca y me regreso a cuidar los lugares. Hubo una ligera discusión con la gente que, sin deberla ni temerla, habían comenzado a llegar, con dos y hasta 3 bidones, a ponerse en la entrada de la gasolinera, ignorando la fila que llevábamos nosotros y que había comenzado desde el jueves en la noche. Las personas con bidones se fueron, algunos se incorporaron al lugar que les correspondía en la fila y para evitar problemas, el personal de la estación pidió que entre nosotros nos pusiéramos de acuerdo. Sacaron un boleador de zapatos blanco y acordamos enumerarnos, para evitar malentendidos, una buena idea, la verdad. 

Había resentimiento de algunas personas que decían que no estaba bien guardar el lugar si la persona se salía de la fila, francamente, no me importó y no le vi nada de malo. Se respetaron los lugares que yo estaba cuidando y nos tocó el turno 5. Más tarde, regresa mamá, no alcanzaron gasolina y se armó otra trifulca allá porque habían dado fichas para la próxima vez que llegara la pipa y, de nuevo, cómo no, hubo gente que recién llegaba a y le asignaron un turno que no les correspondía. El tema es que, aparte de mamá y su amiga, otro señor, el que tenía el turno número 1 en nuestra fila y quien había estado ahí desde el principio (obviamente) con el auto de su negocio y el de su esposa (y que, además, estaba su hijo pero él fue el que hizo turno en la otra estación antes que nosotros), regresó con el automóvil de su hijo, porque el de su esposa se había quedado ya sin combustible. Él había dejado encargado el lugar de su otro carro a quien estaba detrás de él antes de ir a probar suerte en la otra fila, pero al enumerar los turnos, no lo contaron. Cuando regresó, todos los que estábamos ahí desde el viernes le dijimos que no había problema, que pusiera su carro al frente y que nos constaba que desde el principio, él iba a conseguir gasolina para sus 3 autos. 

El problema vino cuando quien estaba en el segundo lugar y más gente, que estaba mucho más atrás en la fila, se quejaron de que el señor "se metiera" como si nada. Gritos, acusaciones y demás. Quienes estábamos al frente de la fila, del turno 1 al 9, que identificábamos al señor y que le habíamos dado la oportunidad, estábamos defendiéndolo. Un individuo, terco, insistía en gritar y lanzar acusaciones sin saber: "nadie de ustedes se quedó a dormir aquí", "Todos se fueron a sus casas en la noche", "No que uno, que no se sale del carro", "Ustedes iban y venían", "Quien se va, pierde su turno". Todas, razones entendibles para molestarse, siendo francos; pero erróneas. Desde un principio, entre los que estábamos en esos lugares al inicio de la fila, hubo camaradería (no hallo mejor forma de decirlo). Mujeres con hijos a quienes debían cuidar y que estaban con ellos por seguridad, gente como nosotros, con negocios y emergencias, que debían abandonar la fila por ratos y regresaban, al igual que cuando uno salía a comer, aunque fuera cerca, nos quedábamos los demás a cuidar su lugar y su auto. Pero hubo gente que, enfrascados en su idea de que nadie había abandonado y creyendo que eran los únicos que se quedaron a dormir en la fila, se quejaron de que el segundo carro del señor en el lugar 1 regresara. Finalmente, tras el altercado, logramos que la gente regresara a sus lugares para evitar que se armara un lío más grande y por culpa de ello, el personal de la gasolinera se negara a darnos servicio a todos. Algo que creo importante resaltar, ya que fue uno de los comentarios del sujeto terco: "Pues así, aquí nomás se arma un pedo y nos quedamos todos sin gasolina", diciéndolo con una sonrisa tan idiota a mi parecer. ¿Qué clase de mentalidad tiene esa clase de personas? 

Y de nuevo, yo comprendo que la gente, en su ignorancia, se quejen de quien crean que se mete a la fila. Nadie estamos exentos de dar nuestra opinión, pero otra cosa es basarnos en suposiciones, verdades a medias o inventadas por uno mismo. Hay gente a la que le gusta hablar por hablar y defender un punto de vista sólo por molestar. Nadie estamos exentos de hablar y opinar desde la ignorancia, pero tampoco es bueno sentenciar y acusar sin motivo, sin legítima prueba. 

Eso me devuelve a lo primero, hay gente que se pregunta qué ocurre y cómo ocurió y hay gente que asume las cosas y declaran, sin saber. Así como lo que ocurrió en ese incidente de la gasolinera, así ocurre cuando hablamos de una situación de la que no estamos 100% seguros, como la razón del desabasto. Algunos acatan lo que dice el presidente y no lo cuestionan en absoluto, a pesar de las promesas que ya ha roto (y sí, también ha cumplido muchas otras); otros, dudan y buscan otras explicaciones. Todos podemos tener una opinión diferente, discreparemos en muchas cosas, pero también es posible respetarnos a pesar de eso. Somos ciudadanos de un mismo país, pero ¿ya estamos divididos? Yo creo, con tristeza, que sí.